Un robot puede saber dónde está contando lo que giran sus ruedas. Funciona muy bien… durante un rato. Cada vuelta tiene un error minúsculo, y esos errores no se compensan: se suman. Al cabo de unos metros el robot cree estar en un sitio y está en otro.
Qué mirar: deja las balizas en nunca y mira las dos trayectorias separarse. El robot no sabe que se está perdiendo: sus cuentas le salen perfectas. Ahora activa las balizas y mira cómo el error vuelve a cero cada vez que ve una referencia. Esa es la diferencia entre contar y mirar, y es la razón de que un robot bueno tenga las dos cosas: cuenta para ir rápido, y mira de vez en cuando para no perderse.