Tu ordenador tiene decenas de programas abiertos y muy pocos núcleos. Lo que hace es ir cambiando de uno a otro muchísimas veces por segundo, tan rápido que parece que van a la vez. Cambiar cuesta tiempo, así que cuánto dura cada turno no es un detalle.
Qué mirar: baja el turno a 2 ms: todo responde volando… y mira el desperdicio, porque la CPU se pasa la vida guardando y cargando estados en vez de trabajar. Súbelo a 200 ms y pasa lo contrario: no se desperdicia casi nada, pero si tu programa es el último de la cola esperas una eternidad. Turnos cortos para que responda, largos para que rinda — y por eso el ratón se mueve aunque el ordenador esté al 100%: tiene prioridad.