Nada viaja entero por una red. Todo se parte en trozos pequeños que van por su cuenta, cada uno a su ritmo y a veces por caminos distintos. Llegan desordenados, y al otro lado hay que recomponer el original.
Qué mirar: pulsa Sin número. Los mismos paquetes, la misma red, la misma cantidad de desorden — y la imagen sale destrozada, porque el receptor los va colocando en el orden en que le llegan. Con un simple número de orden en cada paquete, el desorden deja de importar por completo: llegan como quieran y cada uno sabe dónde va. Es una de las ideas más rentables de toda la informática.